domingo, 19 de junio de 2011

Prohíbo luego existo

Prohíbo luego existo

Esta medida se toma como último recurso. No se extirpa el problema de raíz, sólo se podan algunas ramas

Vianey Esquinca

Inmediatamente después de que el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, emitió el decreto para prohibir los narcocorridos y así, según él, evitar que se incite a la violencia y se enaltezca a los narcotraficantes, surgieron voces a favor y en contra de la medida, lo cual no fue ninguna sorpresa. El mundo todavía no conoce una prohibición que sea aplaudida por todos.

Una prohibición puede tener diferentes orígenes. El primero, la frustración. Una vez se agotan todas las medidas educativas, culturales, preventivas y legales para evitar, controlar o solucionar un problema social, surge la prohibición como último recurso. No se extirpa el problema de raíz, sólo se podan algunas ramas. El caso de los narcocorridos es un ejemplo, fumar dentro de los restaurantes o vender alimentos procesados en las escuelas de educación básica son otros.

En todos estos casos, la prohibición se dio después de un fracaso en las políticas públicas para concientizar o resolver.

La segunda raíz de una prohibición es la ignorancia.

Uno de sus máximos exponentes fue el alcalde de Aparecida, una pequeña ciudad en el estado de Sao Paulo en Brasil, José Luiz Rodrígues, cuando a principios de 2007 y cansado de que lo criticaran por no hacer nada ante las constantes inundaciones en la zona, decidió agarrar el toro por los cuernos y presentar un proyecto de ley que textualmente recitaba: “Queda terminantemente prohibida la ocurrencia de inundaciones en los barrios de la ciudad provocadas por las fuertes lluvias, las lluvias con granizo, las tempestades con rayos, los vendavales y las subidas del río Paraíba do Sul o sus afluentes en el municipio”.

El brasileño explicó tan brillante iniciativa, envidia de cualquier legislador mexicano, de la siguiente manera: “Me preguntaron si tenía un proyecto para evitar las inundaciones. Como no lo tengo y para evitar que me acusen de prevaricación decidí enviar el proyecto del ley prohibiéndolas”.

No se extrañe el amable lector, si tal como lo sugirieron algunos cibernautas, el gobierno determina prohibir la venta de las camisetas de la marca Polo para controlar el narcotráfico, o eliminar las canciones de José Alfredo Jiménez y Juan Gabriel para evitar el alcoholismo producto del despecho.

La tercera causa de las prohibiciones, que es además la más peligrosa y lamentablemente: la más común es la estupidez. En el estado de Tennessee está en discusión una iniciativa para prohibir que se aborde en las escuelas desde jardín de niños hasta el noveno año, cualquier tema relacionado con la homosexualidad, es más, que ni siquiera se mencione esta palabra. Algunos defensores señalan que es la manera de proteger a los niños de primaria de “contraer o contagiarse de homosexualidad”.

Esta absurda propuesta no es muy distinta a la del alcalde de Navolato, Evelio Plata, que quería prohibir las minifaldas para evitar embarazos no deseados, o la del entonces alcalde de Guanajuato, Eduardo Romero Hicks, que quería prohibir los besos en las vías públicas, porque un simple ósculo hoy, se podría convertir en un arrimón mañana.

La Inmaculada enviará al Congreso de la Unión otras propuestas de prohibiciones que eviten futuras conductas indeseadas. Algunas de ellas son, que se prohíba la entrega de medallas en cualquier concurso escolar, incluyendo las de oratoria, de tablas gimnásticas o natación. De esta manera se evita que cuando los niños crezcan y alguno se convierta en secretario de Estado, tenga la tentación de recibir condecoraciones extranjeras.

También podría prohibirse que los padres de familia le pongan a algún hijo Esiquio ya que con ese nombre lo único que puede pasar es que le empiece a guardar rencor a la sociedad y sólo esté esperando obtener un puesto como Secretario de Juzgado y así embolsarse 432 millones de pesos.

Estas trascendentales iniciativas garantizan que los legisladores mantenga su elevado nivel de debate al que tienen acostumbrado a los mexicanos.

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